Camino los senderos que remontan el río y que conforme te alejas de la entrada del parque se vuelven más difíciles y arriesgados de transitar. Bosque húmedo con rocas que lloran estalactitas, con lianas que enredan todo lo que encuentran, con rocas que sudan agua en cada rincón y un río ruidoso y bravo a la izquierda.
Cuando ya no pude avanzar más por las rocas inmensas paré a descansar y darme un baño. Al meterme cuidadosamente en el agua veo casi tocando mis pies un pez grande y rosado explorando tranquilamente aquel nuevo elemento con uñas en el agua. El guerrero que hay en mi no lo dudó un momento, salí del agua y con un palo y el cuchillo, desafilado y sin punta que me acompaña en este viaje, construí esta lanza-arpón que veis en la foto y me quedé un buen rato esperando a alguna víctima prima de ese primer pez que me inspiró. En silencio, inmóvil mirando el agua, practiqué mi ataque con algunas hojas que traía la corriente mientras el río y sus peces se reían de mi y del guerrero de película que creí ser.
Al día siguiente llegué a la frontera, que gusto y cuanto más natural es cruzar las fronteras a pie, caminar esa linea imaginaria con tanto significado; cruzar un río, un puente, una linea que une y separa la misma tierra con gente a los dos lados con diferentes nombres.
Al día siguiente caminé por las montañas, visité esta cascada, la cascada de Peguche, se la cascada llegué a la laguna de San Pablo y de la laguna subiendo una colina llegué al Lechero, un árbol milenario que cuida de esa linda vista rodeada de volcanes.
El miércoles participé en la ceremonia de ayahuasca, medicina sagradas de los indios de América que siempre tiene algo que decir, algún puerta que abrir o te ayuda a desprenderte de todo eso que acumulamos y no nos hace bien. Una grata experiencia.
El jueves pisé la capital donde me esperaba la familia planetaria con los brazos tan abiertos como siempre. Vi a Patricia, la mamá de la familia, que no la había podido ver cuando estuvimos allí con la compañía porque ella estaba en Europa con una organización de mujeres y la alegría de vernos fue mutua.
Pasé escasas 24 horas con ellos en las que conocí a Violeta, primera nieta, la hija de Jorge , hijo mayor, y Kalindi, su pareja, una nueva miembro de la familia planetaria, linda niñita que nació a mediados de Noviembre.
2 comentarios:
Que lindas fotos nos regalas, que lindas aventuras cuentas, de esas que te hacen crecer el alma...
Sigue con todo esto, que nos llega.
Besitos
Gemma
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