lunes, 19 de noviembre de 2012

Bahia de Halong


Por fin he llegado al paisaje que me trajo a Vietnam. Tras una noche en tren, esta vez en la clase superior, Cama blanda, donde conocí a dos franceses, padre e hija compañeros de camarote, llegamos a Hanoi, capital del país a las 5am del sabado. Tomamos un café en la puerta de la estación mientras amanecía la ciudad y decidimos juntarnos y caminar en busca de una agencia de viajes para embarcarnos hasta la famosa Bahoa de Halong. Pasamos por uno de los lagos del centro de la ciudad donde a esas horas tempranas se reunen vietnamitas de todas las edades para practicar taichi y chikung para permanecer jóvenes y atléticos como parecen estar la mayoría de los habitantes de estas tierras.
Sin muchas divagaciones nos enrolamos en una de las excursiones que te llevan a la bahía. Antes de salir tenia que sacar dinero del cajero y tras poner el PIN el cajero se fundió y apareció un mensaje de error, nuestro autobús estaba esperándome así que le saque una foto al cajero y los teléfonos de contacto y me metí en el bus aparentando tranquilidad ante lo sucedido. Durante el viaje conseguí llamar al banco y con ayuda del guia resolví la cuestión y mi tarjeta me espera (Dios mediante) en el edificio central del banco en Hanoi. Pas de probleme!
En el bus conocimos a Claudia, una chilena que vive en Nueva Zelanda y esta viajando por el sudeste asiático antes de volver a Chile por una temporada.
Llegados a Halong, comprobamos lo turístico que es el lugar, miles de turistas organizados en grupos, como ovejas nos mostraban el camino a cada barco. El nuestro , Golden Lotus, destacaba antes muchas cutreces y de hecho estuvo muy bien. Camarotes nuevos. Cuarto de baño impecable, decoración justa y rustica...
Nos adentramos en la hermosa bahía. Las fotos hablan por si mismas. La leyenda cuenta que fue un dragón que se petrificó y las montañas son las partes de su cuerpo que sobresalían del agua. ¡Impresionante!
Visitamos una cueva que no tenia mucho que envidiar a las recién visitadas de Phong Nha y navegamos entre los inmensos peñascos hasta la puesta de sol.



 En la proa.
 Los franceses en la cubierta.



Echaron el ancla y pasamos la noche en medio de la bahía con un cielo estrellado y risas en el karaoke del barco. El Karaoke aquí es un deporte nacional. Todo el mundo tiene un karaoke en casa y practica en la intimidad o con amigos, incluso a puertas abiertas para el deleite de los viandantes.
Al segundo día llegamos a la isla de Cat Ba, la mas grande y poblada de la región, donde estamos ahora frente al mar después de haber pasado el día en piragua entre las grandes rocas.

Mañana me despido de los franceses, Virginie y Christian y parto de nuevo a Hanoi para decidir mi próxima aventura hacia las montañas del norte.

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