Salí temprano y lloviznando, me esperaba la etapa mas larga (215km). Cuando llevaba unos 15 km me encontré con un ciclista que había pinchado y estaba reparando su rueda. Me paré y le pregunté si necesitaba ayuda y al oír su acento en ingles le pregunté de donde era y resultó ser de San Sebastian, Peio Cabestany, por lo visto un conocido ciclista del tiempo de Perico Delgado. Me paré a compartir con él las frutas que acababa de comprar en la carretera y me contó que era la tercera vez que pinchaba en esos últimos 15km y que estaba pensando en coger un bus hasta Lao Chai. Paramos a varios vehículos preguntando si iban a Lai Chao pero no hubo suerte. Al rato, cuando ya me había contado varios de sus viajes en bici a Etiopía, Bolivía, Guinea Ecuatorial, Nicaragua y mucho más, un pequeño autobús se acercaba con un pequeño letrero en el salpicadero diciendo LAI CHAO. Lo paramos y aun estando a parir de ocupantes aceptaron al vasco y su bicicleta. Nos despedimos a corre prisas diciendo que a lo mejor nos encontrábamos en nuestro destino común. Yo volví a mi Honda y seguí la ruta. Durante el camino adelantaba al bus de Peio y hacíamos una fiesta de pitidos, como yo paraba a sacar fotos y contemplar el paisaje, el autobús me volvía a adelantar, así varias veces durante la jornada. Una jornada de carretera en muy mal estado, cortes prolongados por obras, millones de baches y agujeros que no sé como no me hicieron pinchar alguna vez. Una conducción dura y cansada. Paré a poner gasolina a medio día y los dos chicos de la gasolinera me invitaron a comer con ellos un hígado con cebolla, verduras y el arroz de siempre. Agradable y sabroso almuerzo en compañía local.
Cuando faltaban 5 Km para llegar volví a alcanzar el bus donde estaba Peio así que le seguí, nos juntamos y compartimos habitación en un hotel decente de la ciudad.
Mujercitas paseando en alguna aldea del camino.
Los chicos de la gasolinera.
Mujeres trabajadoras.
Un puente del camino y un señor río.
Tenderete nautico.
Con el agua al cuello.
Madre e hijo.
5° día; Lai Chao-Sapa.
Peio salió a primera hora y yo acepté encantado el llevarle sus alforjas para él ir mas ligero en el intenso puerto que nos esperaba. En una aldea cercana a Lai Chao había un mercado de domingo donde los habitantes de las montañas aledañas acudían para vender y comprar todo tipo de artículos desde comida, barreños o pajaritos cantores. Era una fiesta de color y vestidos tradicionales con peinados complicadísimos y miradas curiosas hacia ese blanco en una moto y todos ellos en movimiento armónico ante mi.
Sonrisa y peinado exuberantes.
3 generaciones con cesta de la compra.
La carretera subía y subía, yo pensaba en Peio pedaleando todo eso. Empezó a llover intensamente y no encontraba ningún refugio donde esperar a que amainase, la niebla era muy densa y a penas podía ver a 3 metros cuando apareció un tenderete en la cuneta en el que paré y me dejé seducir por los alimentos que una tímida niña cocinaba en las brasas. Comí un boniato, una mazorca y un arroz con especias que cocinan dentro de una caña de bambú. Cuando ya había llenado el buche y la lluvia había parado un poco me encapuché y seguí rumbo a Sapa que fue apareciendo bajo las nubes y fui parando cada rato sonriendo de belleza ante el mar de nubes que dormía en el valle.
"Motos en la niebla"
En la estación de servicio.
Nubes
Alfombra de vapor de agua.
Sapa es como un pueblo alpino en temporada alta. Abarrotado de hoteles de estilo francés, agencias de viaje y aventura, tiendas de artículos de montaña de grandes marcas perfectamente imitadas y turistsa, muchos turistas. Menos mal que tenia una recomendación de un hotel donde acudiría Peio y no tuve que perder tiempo en buscar y hacer el sondeo rutinario de habitaciones y precios. Dejé mis bártulos y me fui a otro hotel a encontrarme con la pareja de estadounidenses que había conocido en las cuevas de Phog Nha y me habían escrito diciendo que andaban por ahí. Llegada la tarde fui hacia el hotel para esperar a Peio y ducharme y cuando llego, ahí estaba él mas fresco que fresco, con los kilómetros de subida pedaleados, duchado y hablando con una Vietnamita. Todos felices y contentos.
Desde la teraza del hotel
Peinado matinal.
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