Bien, pues
despues de esta
seman en
Anantapur nos acercamos a
Puttaparti, lugar donde se encuentra el complejo de
Sai Baba, por muchos considerado la
reencarnacion de Dios en la tierra. Casi con la misma edad que Vicente
Ferrer, este personaje fue desde
nino alguien especial, hacia milagros y sin ninguna
ensenanza previa
poseia grandes conocimientos y tenia una capacidad extrema de cautivar a la gente. Con sus magias y donaciones de sus seguidores, que son
muchisimos, ha
contruido hospitales, escuelas y
demas obras sociales y un
ashram gigante donde la gente se aloja y alimenta por un precio irrisorio y donde la
unica actividad programada son los cantos de la
manana y de la tarde que culminan con la
aparicion de este
Guru, ya viejo y achacoso, que o bien en la silla de ruedas o bien desde su
Guru-
movil saluda y mira detenidamente a la multitud de fieles que se concentran
poseidamente en el templo a la hora marcada.
Asi se supone que irradia
energia positiva y buenas vibraciones a todos y algunas veces alguien puede acercarse y hablar algo con el o tocarle... Lo
unico que puedo decir es que impresiona y que sea verdad o mentira no parece estar timando a nadie, los fieles son libres, no parece haber una trama o negocio encubierto y la gente se siente bien cuando viene a pasar unos
dias a este lugar. Encontramos gente que pasa
aqui 6 meses cada ano. Esta es la cara del protagonista:

De aquí nos marchamos a
Hampi, lugar conocido por sus numerosos templos y por ser el paraíso de los escaladores de roca. El pueblo es pequeño, la mayoría de los alojamientos están al otro lado del rió entre arrozales. El rió carece de puentes y aprovechando la situación un grupo de chavales, bastante soberbios y arrogantes, son
duenos de la
unica barca que permite cruzar el rió y por ello cobran 10
Rs (0,20 euros) que para India es mucho por este servicio que tienes que usar continuamente. Ya nos habían dicho que se podía cruzar andando mojándose hasta las rodillas, pero que había que buscar el lugar adecuado para hacerlo. Lo buscamos, lo encontramos y la hazaña nos propino carcajadas y sustos varios cada vez que cruzábamos el brazo de agua. Encontramos un alojamiento tranquilo, limpio y barato donde no dudamos en quedarnos, alquilamos una moto y empezamos a visitar los templos y lugares de interés. Al día siguiente llego
Bea, una medico catalana que esta trabajando en la Fundación Vicente
Ferrer, donde la conocimos, y que ha trabajado bastantes veces en África con Médicos Sin Fronteras y que nos ha resuelto muchas dudas de trayectoria profesional y otros intereses y con la que hemos conectado muy bien. Ella, aprovechando la fiesta del viernes santo decidió salir de
Kaliandurg (lugar donde esta el hospital donde trabaja para la fundación), vino a conocer
Hampi y a encontrarse con nosotros de nuevo. en la India las motos, por humildes que sean, no tienen limite de ocupantes así que nuestra nueva
companera fue bienvenida en el sillín donde nos reímos y disfrutamos rodando y botando por los caminos de templo en templo. Aquí algunas
imagenes.
Los últimos días la lluvia amenizo las excursiones y limpió las calles que el sábado 22 de marzo iban a ser
empastradas, manchadas, decoradas y tenidas por multitud de colores del
Holly day, La fiesta de los colores, el inicio de la primavera, donde la gente sale a la calle provista de polvos de tinte mezclados o sin mezclar con agua y los
esturrea contra todo el que aparezca. Los turistas son
victimas y verdugos dispuestos a todo por participar y los indios nos acogen ya no hay blancos o negros, indios o chinos, somos todos, por fin, de color.
Los turistoides pringaos:
Este follón dura unas horas y la multitud ruidosa y ebria de color se pasea por las calles hasta llegar al rió donde se bañan tiñendo sus aguas e intentando lavarse sin mucho éxito.
Días después todavía se puede ver a la gente con restos de colores en la cara ejerciendo sus trabajos con toda normalidad.
El domingo pasado nos despedimos de Bea, de Hampi y de su rio para avanzar hacia el norte y salir del sur del país, claro.