Llegado a Pleiku desde Camboya pregunté por los buses que me llevarían a la costa, concretamente a Hoi An, a unas 8 horas de ahí. En la estación me empezaron a marear todos los conductores y a pedir precios disparatados mientras se rifaban mi mochila para meterla en la furgoneta de cada uno, pedí calma y me pensé mejor el destino. Quizá no era buena idea hacer tantas horas de viaje en el mismo día y decidí, muy bien hecho, quedarme en Choy Nhon, también en la costa pero bastante más cerca. Y bendita la decisión ya que una vez pagado el billete e iniciado el viaje empezó a entrar gente en la furgoneta, cada cuadrado de la tapicería de cada asiento se convertia en un nuevo habitáculo para un nuevo ser humano. En las filas de 4 asientos llegamos a estar 7 sardinas. Yo, sabiendo eso que podía pasar, me había agenciado un lugar donde mis largas piernas no chocasen con el asiento de delante, pero no sirvió de nada. Como el contacto total es inevitable, los vietnamitas no bacilan en apoyarse en el vecino y acoplarse como un rompecabezas sin importar el sexo y condición, menos mal que en mi fila eramos todos jóvenes y delgaditos y la compresión no era de las peores, peroel contacto era máximo. Yo, sin duda, era la sardina diferente y todos me miraban y sonreían conscientes de la peculiaridad del transporte.
Llegados al
destino y sin saber donde ni como tenia cada pierna, bajé deseoso de
estirarlas y sin mucho esfuerzo me deshice de las propuestas
del mototaxis y eché a andar siguiendo el mapa de la guia que me
llevaría hasta el mar. Tras unos 15 minutos de marcha "el mar estalló
ante mis ojos, y fue tanta su hermosura y tanto su fulgor que quede mudo
de hermosura" (Galeano) Yo no quede mudo pero como iba solo no dije
nada.Como seguía con ganas de andar y recuperar la movilidad de mis miembros inferiores y no era plan de caminar sobre las aguas cargado como iba, me quité las sandalias y caminé hacia el norte mojándome, por primera vez, los pies en las aguas del Mar de China hasta que el sol se fué a dormir y yo en busca de alojamiento. Tras mucho caminar y preguntar encontré el sitio que buscaba, Barbara's Guesthouse, un lugar sencillo pero impoluto con esos detalles que nos gustan a los occidentales.
Hoy he amanecido aquí y he visitado una bonita playa al sur y una colina con vistas al mar.
Vistas desde la colina costera.
Rocas en la playa
Solo y perdido encontré esta cabaña abandonada que me dio sombra durante las horas críticas.
Los niños siguen impresionándose al verse retratados en la pantalla de
la cámara y se ríen sin parar emocionados por la duplicidad de su
imagen.
Los pescadores al salir y al volver de faenar, usan estas curiosas y circulares embarcaciones para llegar de la playa a su barco, y viceversa. Al atardecer parecen tortugas que vienen a dormir a la playa y las ponen boca abajo para pasar la noche.




















































