
Aunque también nublado, Río de Janeiro es mucho más turístico que São Paulo y con razón, fue la capital del país durante varios años y en la ciudad se ven casas coloniales junto a edificios modernisimos. Y hacia el sur, pero completamente unidas con la ciudad, se encuentran las famosas playas de
Copacabana e Ipanema, playas grandes, abiertas y repletas de gente. Ipanema en domingo es como Miami beach, o por lo menos como las imágenes que nos trae el cine, patinadores, vendedores de todo, música, "mulatonas caribeñas que ponen a la gente de pie" todo muy artificial, es como estar en un mundo de mentira, parecen todos actores, interesante. Para animar el espectáculo vimos un rescate con helicóptero y todo.
Acabado el festival de payasas de Rio de Janeiro, donde Jimena mostró con éxito un numerito en el cabaret del último día, decidimos buscar naturaleza antes de volver al mastodonte de hormigón que es São Paulo. Viajamos a la Isla Grande, su nombre lo dice todo. Llegamos por la noche y la lluvia nos esperaba, para variar. En el hostal conocimos a una pareja de chilenos Alejandro e Isabel y a una pareja de vascos Edorta y Maialen y viceversa, gente simpática con historias diferentes. Al día siguiente la lluvia no nos impidió salir a pasear por un sendero que cruzaba la isla y llegaba a una playa al otro lado, un baño rápido y con el frío en las carnes de vuelta al hostal en busca de una ducha de agua caliente. Dos días después nos marchábamos y esperando el barco salió el sol canalla haciendonos burla.
El jueves por la noche llegamos a la capital, a casa de Fernando, nuestro fiel y simpático anfitrión. El sábado actuamos en un teatro perfecto para nuestro espectáculo en el centro de la ciudad, donde volveremos a actuar el próximo sábado antes de partir a Ecuador el domingo. Por la noche salimos de marcha, fuimos a cenar a una feria italiana, toda una calle llena de carpas vendiendo pizzas, fogatza, espagueis y vino dulce y luego a una discoteca rock, con música en direco. São Paulo es la ciudad de las colas, colas para aparcar, colas para entrar, colas par apagar, colas para mear, colas y más colas para todo, dejando claro que lo que más hay en esta ciudad es gente. No se podía bailar ni casi moverse de la gente que había en aquel lugar. Al llegar escribí: Un amasijo de piés enredados, amontonados, gente, mucha gente y como único entretenimiento en la conversación vanal ensordecida por la música imbailable en la multitud, es mirar mujeres lindas que buscan ser buscadas sin saber quien es la víctima en ese juego. Hombre 20R$ la entrada, mujeres 12R$. Tan superficial que se puede palpar, a pocos centimetros del suelo, la nada llena de cosas, artificialidad y mentiras.Casualmente escucho ahora mismo una canción que dice: "Lo que reina ahora no es la informática es la conformática" Me la quedo!
Ayer domingo actuamos, por fin, en Baruri, la actuación que nos trajo a Brasil y todo salió estupendo. Nos estábamos olvidadndo ultimamente un poco de la naturalidad y sentimiento y nos estábamos volviendo muy técnicos y poco humanos, tras hablarlo y tomar conciencia ayer nos volvimos a encaminar hacia lo que sentimos más justo.
Última semana en Brasil, seguimos de oficinismo frecuente cerrando los próximos destinos y por fin el sol se deja ver.
Fernando se ha ido de viaje de trabajo y vuelve el domingo en que nosotros nos vamos, así que no lo veremos ya, nos ha dejado su casa con toda naturalidad, aquí una foto de despedida ayer por la mañana antes de que se marchase al aeropuerto con su novia Carla, también encantadora.
En una favela de Rio de Janeiro, a pocos metros del final de trayecto de un tranvía muy genuino que todavía pasa por el barrio de Sta Teresa, he visto un niño con dos pistolas negras calzadas en la goma del bañador. Un chaval de apenas 12 años o menos armado hasta los dientes caminando con toda tranquilidad por la calle de entrada a la fabela donde supongo habita. La mayoría es gente humilde y tranquila, cuenta la gente que hemos conocido, pero la tensión de la muerte está muy presente. Hay muchas madres con hijos muertos por "balas perdidas". Hay tiroteos con la policía, que no duda en derribar cualquier blanco, en este caso negro, que suponga una amenaza, hay tiroteos entre fabelas que se disputan lugares estratégicos para el narcotráfico y muchos accidentes con tanta gente con tantas armas al alcance de la mano. Hay fabelas en las que dicen que no se puede ir vestido de rojo porque eres un blanco fácil.
El Cristo con los brazos abiertos, queda a mis espaldas, mirando el mar con sus 33m de altura y 28m de una punta a otra de sus dedos. 
Colgados en el tranvía volvemos, con Fernanda (artista amiga de Luka y nuestra guia aquel día), a la city donde mientras tomábamos una cerveza en la calle una ráfaga de viento huracanado nos hizo levantarnos y refugiarnos en el bar mientras contemplábamos atónitos como las sillas y mesas de plástico de los bares de la calle eran arrastradas a toda velocidad hasta encontrar algún obstáculo que las hacia partirse o simplemente parar. Fueron pocos segundos, los toldos se rompieron, había ropa colgando de los cables de la luz, suponemos que de alguna colada que pretendía secarse tranquila en algún balcón. Los brasileños preguntaban ¿esto pasa en su país? decíamos que no y ellos respondían, aquí tampoco y seguían una risas.




