Adiós India! Adiós viaje! Adiós a tantas cosas!
No tiene mucho sentido narrar lo ocurrido en las ultimas dos semanas en el subcontinente asiático ahora que ya estoy otra vez aquí, en la tierra que me vio crecer, pero lo haré resumidamente.
Después de unos días en Manali hicimos un viaje pesado e incomodo de 14horas en bus local, por la noche, clavandonos cada arista de los pobres asientos, con destino a Rishikech, la Meca de l yoga, la ciudad que ve nacer al rio Ganges. Un rio joven y loco que corre con fuerza. Es interesante ver como el negocio turístico permite hacer raffting en las aguas sagradas donde cientos de kilómetros después en Varanasi bañan los cuerpos de sus muertos. No se si lo fue o lo sigue siendo y no lo conseguimos ver, pero de yoga y espiritualidad vimos poco. El tráfico y el ensordecedor y enloquecedor ruido de los claxon de los coches no nos dejó disfrutar de esa supuesta paz del lugar. Duramos dos días en aquellas tierras que no nos digeron mucho y de ahí nos fuimos a Delhi haciendo una parada de horas en Hardwar, siguiente estación del Ganges.
Rishikesh:

Delhi la capital del gran país, la ciudad. Nos habían hablado tan mal del caos de Delhi y su ruido que al llegar no nos pareció para tanto, de hecho no creo que difiera mucho con otras tantas ciudades indias en cuanto a ruido y caos, únicamente en el tamaño.
En Delhi hice las compras musicales que tenia planeadas y vivimos bonitos encuentros con extranjeros e indios.
La ultima noche antes de coger el tren que me llevaría a Bombay para montarme en el avión de vuelta, estábamos cenando en un pequeño café de la calle y se acercaron tres niños mendigando, tendrían entre 7 y 10 años, uno de ellos, el más pequeño no tenia mano derecha, no se como la perdería, pero lucia su muñón medio ensangrentado y sucio para ayudar a obtener la moneda que espera. Les dijimos que no, pero, como siempre, insistieron hasta que los del bar los echaron con un par gritos. Yo les seguí mirando impactado con esa imagen, pensativo en el proceso de digestión de todo el viaje que ya estaba empezando. Otro chico mas mayor, también mendigo, cojo, con muletas se paro a hablar con ellos y me pareció que repartía parte del tesoro recaudado durante todo el día con aquellos chavales. "Que resumen de la India se me presenta ahora ante mis ojos!"
Al final les invitamos a sentarse con nosotros y se comieron nuestra cena con mil amores y sonrisas, agradecidos. Pude ver en ellos la mirada de un niño, el juego, la inocencia, me alegro ver que a pesar de sus vidas mendicantes conservaban ese aire de frescura infantil. Les regalé una postal de PayaSOSpital a cada uno y se rieron y emocionaron. Se despidieron riéndose y jugando. A la mañana siguiente, cuando íbamos a la estación de tren para que yo cogiera mi comboy de despedida, nos vieron y corrieron a nuestro encuentro, nos emocionó que se acordasen de nosotros con todos los turistas que ven al día y les hice un perrito de globo a cada uno, sus ojos se iluminaron y lo tocaban felices y emocionados. Emocionados también nosotros les dijimos adiós y cuando ya empezábamos a caminar hacia nuestro destino uno de ellos vino corriendo y extendiendo su brazo me regalo un elefantito de trapo, solo pude sonreirle con media lágrima en cada ojo y ahora el elefantito esta conmigo aqui, en tierras de opulencia y lujo.

El metro de Delhi


los angeles de la despedida...

El dia 25 de este mes me monté en el tren, me despedí de Idoya, ella se queda 15 días más. Después de tanto tiempo juntos en aquel viaje, donde nos hemos cuidado tanto fue triste la despedida, hubo lágrimas y los indios de mi vagón luego me contaron que se impresionan mucho al ver llorar a un occidental, creeen que somos mucho mas fuertes y que nosotros no lloramos...
Llegó la hora de dormir y dormí a duras penas. Al amanecer en una de las paradas me entero de que el tren tenia 8 horas de retraso ¡No puede ser!. Eso implicaba que como pronto llegaríamos a las 11pm y mi avion era a las 2am, todo bien si no se retrasaba más, pero quedaban muchos kilómetros donde poderse retrasar. Viajé con tensión durante 14h, calculando distancias y tiempos. Al final llegué a las 11pm y llegué bien al aeropuerto. ¡Ufff! Eso si, no pude ver ni un ladrillito o una fuente de la ciudad de Bombay.
El vuelo lo pasé durmiendo como toca, al tocar las ruedas la pista de aterrizaje tuve un sentimiento satisfactorio como resumen, como valoracion inmediata de toda la experiencia, me senti afortunado. Llegué a Londres y fui a casa de mi amiga Ana, un alma gemela que conocí en mi año de estudios en la capital inglesa. Allí pase un par de días contándonos peripecias y paseando por la ciudad perfecta para hacer mi escala, Londres esta lleno de indios y verlos en las calles sin ruido y con un trafico ordenado es una transición curiosa.
Y aqui estoy, en el Vedat de Torrente, donde crecí, donde siempre he vuelto y volver siempre me da pena. Es la lucha entre mi espíritu nómada y mis raíces y mi gente donde me siento bien. El viaje no se ha acabado...